Crimea: convulsa historia e incierto futuro

by J.L.G.

Es fácil opinar sobre lo que acontece en cualquier parte del mundo desde el desconocimiento de las circunstancias particulares de los pueblos que habitan un territorio y de su historia. La emisión de un  juicio se complica cuando se valoran (y siempre deben valorarse) todos los factores que concurren en el origen de cualquier conflicto.

En relación con los acontecimientos que se están sucediendo en estos días en la península de Crimea, si nos atenemos al enfoque dado por la mayoría de medios de comunicación o por las reacciones de los gobernantes de los países occidentales, no tendríamos ninguna duda de la “ignominia imperialista” cometida por Rusia. No obstante, seguro que nos surgirían dudas razonables si tuviéramos en cuenta otros aspectos relevantes de la cuestión, como por ejemplo el origen y la opinión de los habitantes de Crimea, el devenir histórico del territorio, el origen de Ucrania como nación independiente, los intereses geoestratégicos, políticos y comerciales de los países occidentales y de Rusia, etc.

Sin remontarnos más atrás en la historia, ya a mediados del siglo XIX en Crimea se libró una dura guerra entre la Rusia Zarista y una coalición de naciones europeas lideradas por los Imperios Británico y Francés que, con la excusa de defender la integridad del Imperio Otomano, declararon la guerra a Rusia. Pero los motivos de aquella guerra eran mucho más prosaicos: impedir el acceso franco de la armada y de la flota mercante rusa al Mediterráneo y garantizarse las potencias europeas occidentales el control de las rutas comerciales hacia Asia, Oceanía y la costa oriental africana mediante el mantenimiento artificial y tutelado por ellas del decadente Imperio Otomano.

Tampoco la actual situación política por la que atraviesa Crimea es ajena al hecho de haber sido parte integrante de la Unión Soviética y al resultado de las revoluciones acaecidas en Rusia en el siglo XX, de las dos guerras mundiales, de la guerra fría, de la perestroika o de la desaparición de la URRS. Además, la política respecto a los territorios del antiguo bloque soviético llevada a cabo por las potencias occidentales, con los Estados Unidos a la cabeza, no han facilitado la transición y conformación del nuevo mapa del este europeo. Más bien al contrario pues, al igual que sucedió en la antigua Yugoslavia, a la hora de reconocer nuevos países y fronteras, las prisas no suelen ser buenas consejeras.

Por lo tanto, sería deseable que el asunto fuera encauzado por vías de estricta diplomacia, pero con altura de miras y sin priorizar los intereses económicos y políticos de unos y de otros. De lo contrario la situación podría enquistarse o algo peor. En ambos casos, los más perjudicados serían los habitantes de Crimea.

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