Adolfo Suárez “In Memoriam”

by J.L.G.

Adolfo Suárez

Adolfo Suárez

El domingo día 23 de marzo de 2014  falleció Adolfo Suárez González que, sin lugar a dudas, ha sido el mejor presidente del gobierno que ha tenido España en todo el siglo XX y lo que llevamos del siglo XXI. Gobernando con profundo sentido de Estado, altura de miras y sensibilidad social, consiguió en un corto espacio de tiempo y bajo circunstancias durísimas los mayores logros políticos y sociales de la España contemporánea.

En un primer momento mediante encomienda del Rey de España y posteriormente en calidad de Presidente del Gobierno elegido democráticamente, efectuó de forma ejemplar y novedosa el proceso de transición política desde la dictadura militar del General Francisco Franco a un régimen democrático basado en un sistema de representación parlamentaria bicameral, con una constitución aprobada por unas cortes constituyentes surgidas de elecciones libres  y refrendada en las urnas por el pueblo español.

Consiguió que la transición política entre la dictadura y la democracia se hiciera sin rupturas institucionales o legislativas abruptas que podrían haber complicado gravemente el proceso. Para ello logró que fueran las propias Cortes de la dictadura las que aprobaran la Ley para la Reforma Política. Con esta ley como base, se garantizaba en todo momento la legalidad de las decisiones que se tenían que tomar en cada fase del proceso. Además, consiguió que las decisiones se tomaran con el mayor consenso posible y que a las primeras elecciones democráticas pudieran concurrir todos los partidos políticos que desearan presentar candidaturas.

Tras la aprobación de la Constitución Española, convocó elecciones legislativas y se presentó a ellas en 1979 al frente del partido que él mismo había fundado dos años antes, Unión de Centro Democrático (UCD). La UCD ganó las elecciones y Adolfo Suárez siguió siendo presidente del gobierno hasta que dimitió en 1981 como consecuencia de la  falta de apoyo dentro de su partido y la feroz e injusta oposición ejercida por algunos grupos políticos y por los medios de comunicación.

Durante los apenas cuatro años y medio que ejerció el cargo de Presidente del Gobierno de España (de 1976 a 1981), consiguió realizar una transición política que ha servido de modelo para otros países del mundo (sobre todo iberoamericanos y del Este de Europa) y modernizó el país mediante la adecuación  de las legislaciones fiscales, económicas, laborales, administrativas, educativas, etc. Asimismo, potenció las Relaciones Exteriores, colocando a España en la senda que le ha permitido estar entre las naciones más desarrolladas e influyentes de Europa y del mundo.

El mérito de esta labor no viene otorgado sólo por lo ingente y brillante de la misma (que lo es y mucho), sino también por las circunstancias en las que consiguió realizarla: fuerte crisis económica nacional y mundial derivada de la crisis del petróleo de 1973, estructuras económicas e industriales extemporáneas heredadas de un sistema autárquico, fortísima presión por la salvaje actuación de grupos terroristas (principalmente de la banda terrorista ETA), presiones del ejército que había sostenido al régimen dictatorial durante cuarenta años, una oposición política, ávida de poder y desproporcionada en sus críticas, que anteponía sus propios intereses a los del país y unos desleales y ambiciosos compañeros de partido político que boicoteaban su labor (dentro y fuera del parlamento y del gobierno).

Estando ya fuera del gobierno, fundó otro partido político de ámbito nacional e ideología centrista (Centro Democrático y Social) con el que, a pesar del complejo sistema electoral español (que favorece a dos grandes partidos de ámbito nacional o a pequeños partidos que concentran todo su voto en un pequeño territorio) y de la falta de financiación económica por parte de la banca, consiguió  representación parlamentaria hasta que en 1991 abandonó definitivamente la política activa.

Una vez más en España se ha maltratado a uno de sus más ilustres y grandes hombres. En este país en el que entre la mediocre clase política (probablemente como reflejo de la propia sociedad) abundan actitudes de envidia, ambición, deslealtad, complejo de inferioridad y oportunismo, no se aceptó de buen grado a una persona que demostró con sus obras ser un compendio de virtudes humanas y políticas: digno, audaz, valiente, bueno, carismático, inteligente, seductor, empático, generoso (quizá demasiado con algunas personas), conciliador, ecuánime, responsable, con profundo sentido del Estado y del deber…

En definitiva, España ha perdido al único estadista, en el mejor y más amplio sentido de la palabra estadista, que ha gobernado en este país en los dos últimos siglos. Lástima que se le haya tratado con tanta ingratitud durante su etapa política. Ahora, tras su muerte, se le pone su nombre al aeropuerto de Madrid-Barajas y se organizan homenajes que, probablemente, nunca lleguen a ser suficientes para compensar tantos y tan injustos agravios como padeció en vida (algunos por parte de ciertos políticos o periodistas que, en un alarde de hipocresía, acudirán a sus funerales para salir en la foto de rigor).

R.I.P.

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