El mito de las bombillas de bajo consumo

Quizá hayas pensado que el cambio de las bombillas incandescentes por las de bajo consumo haya sido un paso importante para el ahorro energético y la preservación del medio ambiente, pero lo que no te han contado es que las bombillas fluorescentes compactas contienen mercurio en su composición. Debido a su toxicidad, el mercurio está prohibido, pero la Unión Europea ha legislado para que este metal pesado se pudiera utilizar en la fabricación de las preciadas bombillas de bajo consumo.

El problema del empleo del mercurio en los aparatos que utilizamos en casa es que estamos convirtiendo nuestros hogares en sitios cada vez más inhóspitos. Cuando una bombilla fluorescente compacta se rompe, libera vapor de mercurio al ambiente, el cual es absorbido de forma inmediata al inspirarlo. Uno no se da cuenta, porque este gas no tiene olor ni color, pero es extremadamente tóxico, afectando a los pulmones, los riñones, el cerebro… Sí, el cerebro. De hecho, nos volvemos más tontos cada vez que nos exponemos al vapor de mercurio.

El polvo liberado por una bombilla rota contamina todo lo que hay a su alrededor. Si utilizamos un cepillo para recoger los restos de bombilla, los tiramos a la papelera y luego a un cubo de basura, todos los objetos que hayan tenido contacto con esos residuos tóxicos estarán contaminados. Y nosotros también, claro. Al no disponer de suficientes puestos de recogida de bombillas de bajo consumo, el 80% no se recicla correctamente, lo que significa que el 80% del mercurio acaba en la atmósfera o incluso se filtra a los acuíferos y se introduce en el ecosistema. Conviene saber que 5mg de mercurio -cantidad máxima permitida por bombilla- pueden convertir 5 mil litros de agua potable en impotable.

bombilla CFL

El programa La noche temática, de Radio Televisión Española, emitió el sábado 14 de marzo de 2015 el documental “La mentira de las bombillas de bajo consumo“, en el que se observa cómo las normativas europeas que regulan los productos que utilizamos en casa están fuertemente influenciadas por los intereses de las grandes empresas. La extinción de las bombillas incandescentes, cuya venta está prohibida en toda la Unión Europea, se afianzó en un acto maravilloso de protección ambiental. Hasta el Greenpeace avaló (y sigue avalando) dicho proceso, abogando a favor de las bombillas compactas fluorescentes pese a ser plenamente consciente de los daños ambientales provocados por la mala gestión del mercurio.

La primera bombilla (la de Thomas Edison) lucía durante nada menos que 15.000 horas. ¿No era esta mucho más económica y respetuosa con el medio ambiente que las bombillas de bajo consumo que contienen mercurio? Es cierto que las incandescentes consumen más energía y que la generación de esta energía eléctrica, si se basa en la quema de combustibles fósiles, emite CO2. Sin embargo, las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera han sufrido una mínima e insignificante disminución desde que hemos empezado a introducir mercurio en nuestros hogares para mantenerlos iluminados. ¿Ha merecido la pena? Me quedo con uno de los principales mensajes del documental: “los que se han puesto gafas políticas han perdido de vista la realidad”.

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