El jazz de Pedro Iturralde en el Café Central

Una semana entera de jazz con Pedro Iturralde Cuarteto. Del 7 al 13 de agosto, el Café Central de Madrid recibe al mítico saxofonista (y clarinetista) acompañado de Mariano Díaz al piano, Richie Ferrer al contrabajo y César de Frías a la batería.

En lo que respecta al jazz, Iturralde es toda una institución. Muchos han sido los méritos acumulados por el músico a lo largo de sus 88 años. Con un talento innato para la música, aprendió de forma autodidacta una serie de instrumentos además del saxofón, como el piano, la guitarra o el clarinete. Su amplio conocimiento de la música en todas sus dimensiones le permitió conseguir una cátedra en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid.

A Pedro Iturralde, además de tocar sus instrumentos, le gusta contar historias. En el Café Central –un lugar emblemático donde se sigue apostando por la música en vivo– el público podrá oír las melodías jazzísticas del cuarteto y disfrutar de las entrañables anécdotas de ese saxofonista español que ha superado todas las fronteras geográficas y musicales con su buen humor, armonía y swing.

Disfrutando del teatro con “Pares y Nines”

Pares-y-Nines_Cartel¿Te acuerdas de la última vez que te reíste tanto que apenas podías respirar? ¿Cuándo fue la última vez que te saltaron las lágrimas a causa de una incontrolable, espontánea y extenuante risa? Por suerte puedo decir que sí, me acuerdo perfectamente de la última vez que disfruté de un buen rato de diversión. Fue hace un par de días, en el Teatro Príncipe Gran Vía, de Madrid (España), viendo la extraordinaria obra de José Luis Alonso de Santos, “Pares y Nines“.

La obra estuvo en cartel durante varias temporadas en Barcelona con el título “T’estimo però no tant”. El pasado 29 de junio se estrenó en Madrid la versión castellana de esta entrañable comedia en la que los personajes encarnan las diferentes etapas y consecuencias del amor. El informático Federico (Josep Linuesa) y su amigo Roberto (Carlos Chamarro), un profesor de instituto que se encuentra en el paro, tienen un pasado en común con Carmela, con quien ambos estuvieron casados. Roberto, que aún se desvive por Carmela, busca refugio bajo el techo de su amigo Fede, quien intenta consolarlo sin éxito hasta que aparece Nines (Mónica Corral), una vecina joven, atractiva y un poco loca.

Fede, Roberto y Nines llenan el escenario de un humor constante y envolvente, que no deja indiferente a nadie. La pasión, el despecho, la ilusión, la ira, el deseo de venganza, el entusiasmo y las hormonas (o feromonas) se asoman continuamente por el escenario en un ritmo trepidante, característico de las creaciones de Alonso de Santos. Los diálogos enérgicos y dinámicos atrapan al público durante toda la obra, garantizando una experiencia agradable, divertida y, por supuesto, muy recomendable.

Como decía Lope de Vega, “esto es amor, quien lo probó lo sabe”.

De “El Cartógrafo” a “Blackbird”: cuentos de una noche de (casi) verano

El pasado fin de semana tuve el placer de disfrutar de dos magníficas obras de teatro. El sábado, en el nuevo Teatro Municipal de Coslada, tuvo lugar la obra El Cartógrafo, redactada y dirigida por Juan Mayorga. El domingo, en el Teatro Pavón Kamikaze, se representó por última vez en Madrid (por lo menos esta temporada), la tragedia contemporánea Blackbird, creada por David Harrower y dirigida por Carlota Ferrer.

Ir al teatro, desgraciadamente, es uno de los ítems más olvidados en mi lista de “cosas que hacer”. Quizá con un fin de semana pleno como el pasado pueda retomar el circuito artístico madrileño, recorriendo sus calles más a menudo y experimentando sus deliciosos escenarios plagados de historias, relatos, ilusión y vivencias.

mapa, cartografo, cartografiaDe la mano de El Cartógrafo, el espectador se traslada a un escenario geográfico, en parte real y en parte imaginado, para descubrir todo lo que revela y esconde un mapa. Un sencillo mapa, aparentemente anodino, lleva la impronta del que lo concibió e informa (o desinforma) según sus intenciones. Varsovia, en el contexto de la Segunda Guerra Mundial y, simultáneamente, en la actualidad. Este es el escenario en el que Blanca Portillo y José Luis García-Pérez van desdibujando la historia para volver a dibujarla como lo haría un cartógrafo que ama su oficio y sabe que sus trazos pueden ser los únicos testigos de la barbarie; los que un día revelen, en verdad, qué pasó. Mientras elige qué quiere hacer visible, el cartógrafo, aunque no lo quiera (o no lo sepa), va tomando partido.

pajaro negro, black birdBlackbird, por su parte, es una obra tremenda, fuerte, contundente y nos recuerda que, como sociedad, aún nos queda mucho que aprender. Irene Escolar y José Luis Torrijo reviven el gran tema tabú que Lolita hizo visible en la gran pantalla y del que todavía nos cuesta hablar. Cuesta creer que siga pasando. Cuesta creer que tanta suciedad pase casi desapercibida ante nuestros ojos cada día. A una niña de doce años no se le puede robar la ilusión de la infancia. A una niña de doce años no se le puede enseñar el lado más perverso del ser humano. Aún no. Es demasiado pronto. Es demasiado sucio. Irene Escolar dijo en una entrevista que, representando a “Una”, llevaba varias noches sin poder dormir. Es una representación, sí, pero sabemos que para muchas “Unas” este es su pan de cada día.

Ambas obras son más que recomendables y han dejado el listón muy alto. Y tú, ¿qué me recomiendas?

El peligro de los vídeos más populares

Es cada vez más común encontrar en los medios de comunicación alguna noticia acerca de los vídeos más vistos en plataformas sociales como YouTube. Los titulares suelen ser llamativos, como el que se podía leer hoy en la portada de ABC: El sensacional rescate de un perro a su amigo que cayó al río.

Como buena amante de los animales que soy, no me he podido resistir a entrar en la noticia. El texto empezaba haciendo hincapié en el número de visualizaciones de dicho contenido en YouTube (más 700.000 reproducciones). Según el periódico, el vídeo enseña la proeza de un perro que logra salvar a su amigo de un posible ahogamiento.

No pude evitar indignarme cuando me di cuenta de las risas de los humanos que presenciaban el acto heroico del can que rescata como puede a su amigo y evita que se lo lleve la corriente. “¿Cómo es posible que se rían mientras graban tal hazaña en vez de lanzarse ellos míos al río?”, pensé.

Al cabo de unos segundos, el espíritu periodístico que me acompaña desde la carrera me invitó a contrastar la información. Fue entonces cuando me di cuenta de que el famoso vídeo no es sino un fragmento -el más emocionante y angustioso, por supuesto- al que le faltan cinco segundos que aclaran perfectamente qué ocurrió en realidad. Echa un vistazo:

El dueño de los perros no les ha sometido a ninguna situación que supusiera un riesgo para la integridad de los mismos. Por tanto, no se trata de un rescate como tal, sino de un placentero momento lúdico que comparten humanos y canes. Los medios, una vez más, vuelven a caer en la tentación de fijarse en el titular de un contenido compartido en plataformas sociales sin hacer el sencillo y necesario ejercicio que he hecho yo (y lo puede hacer cualquiera): el de contrastar la información.

‘Mein Kampf’: best seller en 2016

mein_kampfPese al sorprendente éxito de ventas de la reedición de la obra simbólica del Tercer Reich, el Instituto de Historia Contemporánea ubicado en Munich asegura que no hay motivos para preocuparse. Convertido en best seller en pleno 2016, el libro escrito por Hitler -el primer tomo desde la cárcel, en 1924, y el segundo dos años después- fue reeditado por el mencionado instituto a raíz de la expiración de los derechos de autor el 31 de diciembre de 2015. En principio, se pretendía publicar un total de 4.000 ejemplares, una cifra sin duda irrisoria frente a un primer encargo de 15.000.

El libro que se comercializa ahora mismo en Alemania no se corresponde con la versión original de Mein Kampf (mi lucha), cuya reimpresión sigue estando prohibida. Se trata de una versión crítica en la que se encuentran alrededor de 1.300 páginas dedicadas a desmitificar el régimen nazi y refutar científicamente las teorías hitlerianas. Es por ello que Magnus Brechtken, subdirector del Instituto de Historia Contemporánea, afirma que la extrema derecha alemana no está contenta con la publicación de esta obra, ya que les hubiera gustado conservar el texto original.

La comunidad judía, por su parte, ha demostrado una cierta reticencia -lo que es lógico- ante la posible reedición de Mein Kampf. Sin embargo, el hecho de que el libro se haya convertido en un análisis crítico que contrasta las teorías racistas vigentes en la Segunda Guerra Mundial podría arrojar algo de luz en el intento de seguir enseñando y educando en pos del respeto y la tolerancia.

Tras la venta de 85.000 ejemplares, mientras los alemanes contemplaban el título de la obra en la lista de los best sellers de no ficción de la revista Der Spiegel a lo largo de 35 semanas, es inevitable cuestionar los posibles usos que se pueda dar al libro. El acentuado repunte de la extrema derecha en Europa -sobre el que ya he manifestado mi temor, rechazo y pesar en publicaciones anteriores- indica que quizá este no fuera el mejor momento para reeditar un libro como Mein Kampf. El pensamiento de Hitler mantiene vivo su rescoldo en propuestas xenófobas como las de la francesa Marine Le Pen o del húngaro Viktor Orbán. Son propuestas siempre polémicas, pero que cuentan con numerosos adeptos incluso fuera de Europa, como se ha visto en la campaña de Donald Trump en Estados Unidos, quien finalmente se ha alzado como presidente de la nación más poderosa del mundo. En tiempos de Mein Kampf como best seller (otra vez), cabe reflexionar sobre ese futuro que aún sigue anclado en un pasado hostil.

Sobre los humanos, los animales, la ética y la moral

sufre-luego-importaAyer, en un documental de National Geographic, comentaban que para cada persona que muere víctima de un ataque de tiburón, dos millones de tiburones mueren a causa de los diferentes tipos de ataques de los seres humanos. Tan perversa proporción –aún más incomprensible si consideramos que los tiburones suelen ser los villanos de las películas– me hizo recordar un libro que leí en verano. Sufre, luego importa. Reflexiones éticas sobre los animales, de Fransciso Lara y Olga Campos, es un compendio de argumentos con base filosófica que nos invita a reflexionar acerca del papel de los seres humanos en el planeta y de nuestra responsabilidad respecto al destino de los demás animales.

Decía Aristóteles que el hombre es un ser social por naturaleza. Socializar es, de hecho, un verbo cuya aplicación solo se contempla, en todas sus acepciones, en el contexto humano. Tal definición excluye del pensamiento aristotélico cualquier mención a los animales. Si socializar implica promover aquellas condiciones que favorezcan el desarrollo de los seres humanos, quedan excluidos los animales de los beneficios que podría propiciar dicho pensamiento.

Lara y Campos, desde las primeras páginas de su obra, exponen la situación actual de los animales en el mundo sin recurrir a eufemismos o a lo políticamente correcto. El primer contacto con el libro se hace duro y amargo, lo que puede entenderse como un proceso de sumersión en la realidad sin neopreno, ni botella de oxígeno. Si el lector es capaz de soportar esa especie de proceso de iniciación, podrá adentrarse en un mundo literalmente inhumano, carente de ética y moral, pero que pide a gritos ser visto y escuchado.

El mundo de los animales, aunque a menudo parezca demasiado obvio, es también el mundo de los humanos. Sin embargo, no puede haber dos mundos más dispares en cuanto a derechos y deberes. Los animales están a merced de los seres humanos, ya que solo estos poseen estatus moral. Según los autores, la moral judeocristiana no es la causante de la visión antropocéntrica del mundo, sino una mera repetición de los pensamientos filosóficos (y teológicos, diría yo) dominantes a lo largo de la historia. El propio Aristóteles, en Política, ya daba por hecho que la naturaleza posee un esquema jerárquico basado en la razón: tenerla o no tenerla es lo que determina el puesto que cada cual debe ocupar en la naturaleza.

En el siglo XVIII, Kant trató de alejarse de la moral cristiana con el fin de buscar una fundamentación de la ética y la moral más allá de la existencia o no de Dios. Habrá tenido mayor o menor éxito en su empresa, pero, en cualquier caso, lo hizo impregnado hasta el tuétano del pensamiento antropocéntrico dominante, concluyendo que “el hombre sigue siendo el centro porque solo los individuos que son capaces de ser morales –esto es, los seres racionales que pueden actuar por deber, independientemente de cualquier consideración de beneficio propio–, son intrínsecamente valiosos” (Lara y Campos, 2015: 27).

La comunidad moral solo la comparten, por tanto, los seres humanos. Los animales, como no son seres poseedores de razón (desde el punto de vista del propio ser humano), deben servir a los seres considerados superiores. La discriminación con base en la especie –tan arbitraria como la discriminación por raza, etnia, sexo, género, edad o nacionalidad–, actuando siempre de manera parcial respecto a nuestra propia especie, es lo que Singer denomina especismo. De ello se entiende que el antropocentrismo evoluciona hacia el especismo pese a la ausencia de una lógica interna en los argumentos que respaldan dicho pensamiento.

Los autores de la obra que nos ocupa cuestionan los criterios que justifican la posesión de estatus moral. ¿Quién tiene derecho a pertenecer a la comunidad moral? Por lo que hemos podido ver, tan solo los seres humanos, por el mero hecho de serlo, pueden cruzar este umbral porque poseen la etiqueta biológica de la razón. ¿Qué pasa, entonces, con aquellos seres humanos que, por distintos motivos, se encuentran, temporal o definitivamente, desprovistos de razón? ¿Habría que tratarlos tal y como son tratados los animales? Con este ejemplo del llamado argumento de los casos marginales, Lara y Campos ponen en evidencia un problema de lógica argumentativa que cuestiona la validez de los argumentos empleados tanto por el antropocentrismo como por el especismo a la hora de justificar la superioridad humana.

Para huir de dicha problemática discursiva, que afecta de lleno a la ética y a la moral vigentes, los autores proponen entender la moral como una preocupación por todo ser vivo que sufre, independientemente de que esté dotado o no de razón. Y volvemos al título: sufre, luego importa. La ética y la moral deberían fundamentarse en la máxima de evitar el sufrimiento. Ni siquiera hace falta recurrir a los numerosos estudios científicos que comprueban que los animales sufren –en contra de lo que sostenía Descartes–. Basta con observarlos o convivir con ellos para detectar su expresividad, su lenguaje, sus sentimientos y, por supuesto, su capacidad de sentir dolor.

La filosofía analítica, basada en un enfoque lingüístico, padece del mismo mal que padecía Kant al ser incapaz de huir del antropocentrismo o del especismo. No todo es lingüísticamente expresable (o expresado), lo que no significa que uno no sea consciente de lo que desea expresar. Lara y Campos, afianzándose en el cognitivismo, consideran que la consciencia es la capacidad de creer y desear. Un gato que desea atrapar a un pájaro en una rama de un árbol cree que podrá hacerlo tras una rápida y furtiva escalada. Así las cosas, podría considerarse legítima la atribución de creencias y deseos a los animales, lo que implica atribuirles consciencia: “negar la conciencia animal es incompatible con el hecho, suficientemente probado, de que los animales aprenden” (Lara y Campos, 2015: 45). Los autores abogan por el reconocimiento inmediato del derecho a no sufrir a todos los seres sintientes, lo que parece lógico, sensato, ético y moral.

Los últimos capítulos están dedicados a la experimentación con animales, práctica que puede ser sustituida por otros métodos que no contemplan el sufrimiento de un ser vivo, y las corridas de toros, cuya supuesta base cultural queda rápidamente disuelta en su propia incoherencia.

El libro es sin duda recomendable. Se trata de una obra de gran valor en los tiempos que corren. Nos urge comprender el papel de cada ser vivo en este planeta para que no parezca que el mundo ha quedado demasiado pequeño para los animales y los seres humanos.

Divina loucura ou divina lucidez?

Determinação e fé, além da imensa energia que lhe foi outorgada pelos medíocres e invejosos com as suas duras críticas, são os motores que têm levado o gênio nonagenário espanhol Justo Gallego a dedicar mais da metade da sua vida a construir o seu sonho.

Justo, um agricultor com vocação para monge, alma de Dom Quixote e sem conhecimentos de arquitetura, foi capaz de construir nos arredores de Madrid, “imaginando de noite e construindo de dia”, uma bela catedral com as suas próprias mãos, utilizando uma grande quantidade de materiais reciclados e muita criatividade.

Não perca a oportunidade de ver este vídeo no qual é possível apreciar a beleza e a grandiosidade da obra e escutar as explicações do artista (vídeo em espanhol com legenda em inglês).