Cuando la publicidad supera todas las fronteras

“Fronteras. ¿Conoces algo bueno que haya salido de ellas?” Así empieza el nuevo anuncio de Aeroméxico, que fácilmente puede ser entendido como un alegato al respeto y a la convivencia. En respuesta a los eslóganes xenófobos del candidato republicano a la presidencia de los Estados Unidos de América, Donald Trump, la compañía aérea mexicana se ha lanzado al aire en contra de las fronteras habidas y por haber. El mensaje va mucho más allá de una mera campaña publicitaria:

“He visto fronteras levantadas por odio, por hablar otro idioma, por besar a otros hombres…”

¿Qué motivó la guerra hispano-estadounidense de 1898 y por qué fue tan breve?

En 1898 Estados Unidos provocó la guerra contra España para expandirse internacionalmente y convertirse en un imperio colonial al uso de la época, aprovechando la débil situación política, militar, diplomática y económica por la que atravesaba España.

En esta guerra de poco más de tres meses de duración, los objetivos prioritarios para los Estados Unidos eran Cuba y las Islas Filipinas. Puerto Rico y la Isla de Guam, se podría decir que “vinieron en el lote”.

En el caso de Cuba, el interés era fundamentalmente económico. La Isla de Cuba era un goloso mercado para los productos de la industria estadounidense y además en ella se producían en grandes cantidades azúcar, tabaco, café, ron, bananas y otras frutas tropicales. Estos productos, sobre todo el azúcar, el tabaco y el café tenían en aquel contexto histórico un alto valor comercial y generaban altos beneficios para productores, intermediarios e industriales del sector. Por este motivo, durante los años anteriores al bloqueo naval de la Isla, a la declaración de guerra y a la posterior invasión de Cuba por parte del ejército expedicionario de los EEUU, varios de los más significativos industriales de los EEUU reclamaban a su gobierno la anexión de la Isla, a la vez que promovían y financiaban económicamente insurrecciones internas en Cuba y campañas en la prensa de EEUU contra España y su gobierno en la Isla. Un papel relevante en estas campañas de difamación hacia España, que pretendían crear un estado de opinión favorable a la guerra y a la anexión de Cuba por parte de EEUU, lo tuvo el magnate estadounidense de la prensa en aquel momento, William Randolph Hearst (el “ciudadano Kane” del cine y que para algunos fue el precursor de la “prensa amarilla”).

Una vez comenzada la guerra, la proximidad geográfica de la Isla de Cuba a Estados Unidos le daban a éste una ventaja estratégica desde el punto de vista de la logística militar que, unido a una flota de guerra algo más moderna y con mayor potencia de fuego, hacía inviable una victoria de España.

En el caso de Filipinas el interés para los EEUU era geoestratégico. Su anexión les permitiría ejercer influencia en la parte occidental del Pacífico, Oceanía y sobre la costa oriental de Asia. Todo ello en un contexto en el que las grandes potencias comerciales europeas del momento (Gran Bretaña, Francia, Holanda, Portugal) controlaban el comercio y sus rutas en aquella importante región, y en otras potencias emergentes (Alemania, Japón y Rusia) ya se atisbaba su interés por posicionarse para ello (Alemania compraría a España en 1899 el resto de las islas Marianas, las Carolinas y Palaos -En ese momento España, sin apenas flota de guerra y arruinada económicamente tras la guerra con EEUU, no estaba para negociar en condiciones de igualdad ni en disposición de defender tan lejanos territorios-).

En lo relativo a la duración de la guerra en Filipinas, ésta podría haber sido mucho mayor sin la hábil maniobra diplomática de los EEUU que impidió el suministro de carbón a la flota española que defendía el archipiélago (la flota, aunque algo más anticuada que la del adversario, era esencial para defender Filipinas a largo plazo). En este caso, en principio, la ventaja estratégica la tenía España y la distancia jugaba en contra de los dos contendientes. Pero la fuerza motriz de los buques se obtenía mediante motores de vapor por lo que las flotas de guerra de la época utilizaban como combustible el carbón mineral. En este contexto, la diplomacia de los EEUU trabajó a fondo para impedir que la flota española de Filipinas recibiera suministros de carbón desde las colonias y bases comerciales que tenían en la zona Gran Bretaña y el resto de países europeos (los puertos británicos de Singapur y Hong Kong eran la clave más importante para éste bloqueo de suministro, aunque también lo fueron Macao y los puertos portugueses del sur de la India, los de la Indochina francesa y los de las Indias Orientales Holandesas). Asimismo, EEUU consiguió a través de su diplomacia que Gran Bretaña (en su calidad de administradora del canal) impidiera el paso por el canal de Suez de los buques carboneros enviados desde España.

El resto ya es bien sabido: “la honra sin barcos”; “los golpes de mano con uniforme de rayadillo y bayoneta calada en la manigua”; ”el sitio de Baler con los últimos de Filipinas” y otras heroicas gestas de los marinos y soldados españoles, y otras “gestas” no tan brillantes de los políticos y diplomáticos finiseculares de la España decimonónica…

(Este texto lo publiqué como comentario en este mismo blog hace algunos días en el post ¿Puerto Rico quiere la Reunificación con España? Teniendo en cuenta el interés que, en mi opinión, la cuestión podría tener en este tipo de debates, he decido ampliarlo un poco y publicarlo como post independiente.)

Crimeia: história conturbada e futuro incerto

by J.L.G.

É fácil dar opinião sobre o que acontece em qualquer parte do mundo sem conhecer as circunstâncias particulares dos habitantes de um território e, ainda por cima, ignorando a sua história. A opinião é ainda mais complicada quando a acompanha uma avaliação pessoal (e sempre é preciso avaliar) dos fatores que envolvem a origem de qualquer conflito.

Em relação ao que está acontecendo atualmente na Crimeia, se levarmos em conta a abordagem da maioria dos meios de comunicação e a reação dos presidentes dos países ocidentais, não teremos nenhuma dúvida sobre a “ignomínia imperialista” da Rússia. Porém, com certeza surgiriam dúvidas razoáveis se considerássemos outros aspectos relevantes dessa questão, como a origem e a opinião dos habitantes da Crimeia, o desenvolvimento histórico do território, a origem da Ucrânia como nação independente, os interesses geoestratégicos, políticos e comerciais dos países ocidentais e da Rússia, etc.

Voltando atrás na história, em meados do século XIX, houve uma dura guerra na Crimeia entre a Rússia e uma coligação de nações europeias lideradas pelos impérios britânico e francês que, com a desculpa de defender a integridade do Império Otomano, declararam guerra à Russia. Mas os motivos daquela guerra eram muito mais prosaicos: impedir o livre acesso da marinha e da frota mercante russas ao mar Mediterrâneo e garantir que as potências ocidentais européias controlassem as rotas comerciais à Ásia, Oceania e também à costa leste africana a partir da manutenção e da proteção do decadente Império Otomano.

Não convém esquecer que a atual situação política da Crimeia está relacionada com o fato de ter sido parte da União Soviétiva, além de outros acontecimentos históricos como as revoluções ocorridas na Rússia durante o século XX, as duas guerras mundiais, a Guerra Fria, a perestroika e o desaparecimento da URSS. Além do máis, a política em relação aos territórios do ex-bloco soviético realizada pelas potências ocidentais (lideradas pelos Estados Unidos) não facilitaram a transição e a formação do novo mapa do Leste Europeu. Muito pelo contrário, como aconteceu na antiga Iugoslávia, na hora de reconhecer novos países e fronteiras, a pressa nem sempre é uma boa conselheira.

Portanto, seria desejável que o assunto fosse encaminhado pelas vias da estrita diplomacia, pensando no bem comum sem priorizar os interesses econômicos e políticos individuais. Caso contrário, a situação poderia ficar ainda mais complicada. Em ambos casos, o mais prejudicados seriam os habitantes da Crimeia.

Crimea: convulsa historia e incierto futuro

by J.L.G.

Es fácil opinar sobre lo que acontece en cualquier parte del mundo desde el desconocimiento de las circunstancias particulares de los pueblos que habitan un territorio y de su historia. La emisión de un  juicio se complica cuando se valoran (y siempre deben valorarse) todos los factores que concurren en el origen de cualquier conflicto.

En relación con los acontecimientos que se están sucediendo en estos días en la península de Crimea, si nos atenemos al enfoque dado por la mayoría de medios de comunicación o por las reacciones de los gobernantes de los países occidentales, no tendríamos ninguna duda de la “ignominia imperialista” cometida por Rusia. No obstante, seguro que nos surgirían dudas razonables si tuviéramos en cuenta otros aspectos relevantes de la cuestión, como por ejemplo el origen y la opinión de los habitantes de Crimea, el devenir histórico del territorio, el origen de Ucrania como nación independiente, los intereses geoestratégicos, políticos y comerciales de los países occidentales y de Rusia, etc.

Sin remontarnos más atrás en la historia, ya a mediados del siglo XIX en Crimea se libró una dura guerra entre la Rusia Zarista y una coalición de naciones europeas lideradas por los Imperios Británico y Francés que, con la excusa de defender la integridad del Imperio Otomano, declararon la guerra a Rusia. Pero los motivos de aquella guerra eran mucho más prosaicos: impedir el acceso franco de la armada y de la flota mercante rusa al Mediterráneo y garantizarse las potencias europeas occidentales el control de las rutas comerciales hacia Asia, Oceanía y la costa oriental africana mediante el mantenimiento artificial y tutelado por ellas del decadente Imperio Otomano.

Tampoco la actual situación política por la que atraviesa Crimea es ajena al hecho de haber sido parte integrante de la Unión Soviética y al resultado de las revoluciones acaecidas en Rusia en el siglo XX, de las dos guerras mundiales, de la guerra fría, de la perestroika o de la desaparición de la URRS. Además, la política respecto a los territorios del antiguo bloque soviético llevada a cabo por las potencias occidentales, con los Estados Unidos a la cabeza, no han facilitado la transición y conformación del nuevo mapa del este europeo. Más bien al contrario pues, al igual que sucedió en la antigua Yugoslavia, a la hora de reconocer nuevos países y fronteras, las prisas no suelen ser buenas consejeras.

Por lo tanto, sería deseable que el asunto fuera encauzado por vías de estricta diplomacia, pero con altura de miras y sin priorizar los intereses económicos y políticos de unos y de otros. De lo contrario la situación podría enquistarse o algo peor. En ambos casos, los más perjudicados serían los habitantes de Crimea.