Una empresa adopta nueve gatos en Japón

Empleados más productivos y menos estresados. Esta es la realidad de la empresa japonesa Ferray Corporation desde que sus directores decidieron adoptar nueve gatos el año pasado. Los trabajadores de esta empresa de informática comparten sus despachos y escritorios con los nuevos “empleados”, que pueden ser vistos durmiendo la siesta sobre una impresora, paseando por los pasillos, ronroneando, escalando las estanterías y, claro, dando y recibiendo mucho cariño. Los dueños de la empresa están encantados con el resultado de esta noble experiencia. Tanto es así que han decidido bonificar a aquellos trabajadores que tomen la iniciativa de adoptar otros gatos abandonados. ¡Un precioso ejemplo!

Anuncios

¡Gracias, gatos!

catAyer, leyendo el diario español El mundo, tropecé con un texto magnífico sobre los gatos. Se trata más bien de una carta a Harpo, el gato que echó por tierra todos los prejuicios del sociólogo Pablo Herreros respecto a los felinos.

Pablo, como tantos humanos en el mundo, creía que los gatos son seres de naturaleza solitaria y que los perros y los gatos están destinados a odiarse por toda la eternidad. Sin embargo, estos y muchos otros mitos afianzados en su cultura perruna se han ido cayendo paulatinamente una vez empezara a observar el comportamiento de Harpo.

Resulta que los gatos y los perros sí pueden ser amigos, así como los humanos y los gatos. Así como Pablo y los gatos. Resulta que los gatos son seres sociables, comunicativos y segregan oxitocina cuando están con los humanos. Resulta que aún queda mucho por aprender de esos maravillosos felinos “cuasi” domesticados.

No dejes de leer el texto de Pablo Herreros, La vida secreta de los gatos, que termina con un inevitable “¡Gracias, Harpo!”. Se entiende que, en realidad, las gracias van dirigidas a todos los gatos.

Cómo controlar con eficacia las colonias de gatos en las ciudades

Tuve la oportunidad de oír ayer, en el programa Esto me suena, presentado por el Ciudadano García, una entrevista a Salvador Cervantes, miembro de la Asociación de Veterinarios de Pequeños Animales, en la que se abordó el tema del control de las colonias de gatos desde una perspectiva sorprendentemente respetuosa hacia estos adorables felinos. Los gatos llevan siglos conviviendo con los seres humanos, pero estos no siempre están dispuestos a compartir con los gatetes el espacio urbano.

El veterinario hizo hincapié en la importancia de cuidar a los gatos que viven en colonias en todas las ciudades del mundo, señalando que ellos no son una fuente de enfermedades hacia los humanos o hacia otros animales, sino todo lo contrario. Su función es primordial para evitar la proliferación de animales que podrían convertirse en plagas, tales como los ratones o las ratas.

gatos bebiendo leche

El cuidado de las colonias gatunas, de acuerdo con la legislación española, queda a cargo de la Administración Pública, la cual suele optar por el sacrificio de los animales cuando esta no es ni de cerca la mejor alternativa para controlar la proliferación de estos animales. El veterinario explicó que cuando se erradica una colonia, debido a la frecuencia con la que los gatos se reproducen, en poco más de un año una nueva colonia tan numerosa como la anterior se habrá establecido en el mismo sitio. Las estrategias cortoplacistas típicas de los gobernantes de turno casi nunca funcionan. En este caso tampoco. El control de las colonias debe hacerse contemplando la dinámica de las mismas y respetando la naturaleza de los mininos, lo que exige una visión a largo plazo.

Durante la entrevista, Cervantes presentó el protocolo ideal de control de las colonias de gatos, que promueve el buen entendimiento entre todas las partes implicadas: la Administración, los cuidadores y los veterinarios. Según él, todos tienen que actuar de una manera diligente para que los gatetes no sean un problema para nadie, ni siquiera para ellos mismos.

gatita

La solución incluye establecer normas básicas para controlar las poblaciones, lo que se traduce en castrar a los animales. Una mayor implicación de los colectivos involucrados permitiría, aparte de llevar a cabo las esterilizaciones, chipar a los animales y mantenerlos debidamente desparasitados, tanto interna (con pastillas) como externamente (con pipetas). Dicho protocolo prevé la devolución del gato castrado a su hábitat natural, lo que le garantizaría el dominio de su territorio a lo largo de toda su vida, período en el que difícilmente se incorporarían gatos externos a una colonia ya existente.

El papel del chip en toda esa historia es sin duda fundamental. Chipar a un gato capturado, castrado y devuelto a su territorio facilita su seguimiento. Una rápida lectura del chip aportaría la información necesaria acerca de su procedencia y su historial veterinario. En suma, el control efectivo de las colonias prevé un tratamiento individualizado de cada uno de sus miembros, conociendo su comportamiento e integrando de manera respetuosa a los animales en un entorno que, por derecho, también les pertenece.